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‘El gran salto’ de Jorge Porras: todo lo que ocurre mientras buscas la gloria  

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México, 30 Jul.- Jorge Porras conoce a Luis Rivera desde que ambos eran niños; cada semana coincidían en comidas de domingo que hacían sus padres, en Agua Prieta, Sonora. A Jorge le tocaron las primeras hazañas en el atletismo de Luis, incluso en alguna ocasión entrenaron juntos. Después, Luis se va a estudiar a Monterrey y Jorge realiza estudios de cine en Chihuahua.

En 2013, cuando se reencontraron, Luis Rivera había impuesto un récord mundial universitario en la Universiada Mundial de Kazán, Rusia. Participó en Londres 2014 y todo indicaba que sería el gran atleta mexicano en la disciplina.

“Podría ser el primer mexicano con estudios de doctorado que iría a Juegos Olímpicos”, explica Jorge, “y eso me enganchó. En México el promedio de estudios de los atletas olímpicos era secundaria o preparatoria, pensé que esta historia se tenía que contar: Luis es un gran personaje, tengo cercanía con él, una casa productora, una cámara, así decido empezar.”

El gran salto inició como un documental sobre el esfuerzo, la tenacidad y la persecución de la gloria deportiva. Según avanzó la historia, se convirtió en una historia sobre la familia, la solidaridad y cómo la vida se trasciende a sí misma.

Sin vender la trama de El gran salto, tengo la impresión de que ibas con una idea del documental que en algún momento cambió. ¿Cómo replanteas este documental?

Tenía alrededor de 400 horas de material de archivo y propio, que grabamos en cuatro años de seguir a Luis. Revisamos el material desde cero, recuperamos los hilos conductores de la historia, reconocimos la narrativa que teníamos que contar. Después de 16 meses logramos una escaleta nueva, que me gustó más que la idea original.

Es una historia de familia, más allá de una historia de deporte. Cualquiera se puede identificar, porque dentro de la lucha por alcanzar algo en la vida, muchos nos perdemos con el brillo de la medalla, de llegar a la cima. Termina siendo una película de la realidad de estar persiguiendo un sueño al lado de tu familia y compartiendo este sueño incluso con tus hermanos.

¿¨Platicaste con Luis de estas nuevas vertientes del documental?

Él me decía: “ya no grabes, qué vas a grabar”; daba por hecho que ya no podía haber una película. La verdad es que los protagonistas muchas veces no se dan cuenta de qué es el cine hasta que ven la película.

Además, un documentalista no tiene clara la conclusión de su historia hasta que ve el material. Ellos creyeron en el proyecto hasta el final y por fortuna su reacción al ver la película fue positiva.

Una cosa es que seas amigo de Luis y su familia y otra que llegues con tu cámara y tu crew a filmarlos. ¿Cómo fue esta relación del cineasta con los Rivera?

A veces es difícil hacer preguntas que son incómodas y grabar esos momentos. Conoces a la familia, sabes un poco más de lo que cualquier cineasta podría saber, y grabar con una cámara y un equipo detrás era difícil para ellos. No volvería a trabajar con un amigo porque es complicado. A veces hacíamos entrevistas en su casa a las dos de la mañana y su bebé de tres meses tenía que dormir, es lógico que su esposa se incomode. Son muchas situaciones que fueron necesarias para obtener los resultados que queríamos.

Filmaste en los Juegos Olímpicos de Río 2016; si para un periodista deportivo con credenciales es complicado, ¿cómo fue la experiencia para tu producción?

Una aventura muy padre, tanto en Toronto, en los Juegos Panamericanos de 2015, como en Río 2016. En ambos fuimos nada más Aldo, el director de fotografía, y yo. En Río contratamos una productora y una sonidista local.

En Río prohibían grabar en pista, incluso cuando llegamos al estadio, el día de la competencia, habían personas que estaban quitando las cámaras. Teníamos un plan B: si nos quitan todo grabamos con nuestros celulares. Tuvimos suerte porque logramos meter el equipo y Aldo grababa a la familia sin que lo vieran. Yo hice tomas con mi celular que están en el corte final; por fortuna salió bien el rodaje.

Nuestra estrategia fue pedir perdón antes que pedir permiso, porque el permiso era imposible. Sabíamos que teníamos que mostrar la película al Comité Olímpico Internacional. Así conseguimos el permiso apropiado y los derechos, que un fragmento de imágenes dentro de un estadio en competencia son carísimos.

¿Cómo ha sido la relación de El gran salto con las audiencias?

Hace una conexión personal con las familias. En una función en Mexicali, una señora me compartió un comentario que me impactó: “Tengo un nieto que es gimnasta, no se habla con sus padres y no quiere seguir estudiando para dedicarse a la gimnasia. Quiero que vea este documental porque lo que sus papás no le pueden decir, este documental se lo dice: todo lo que hay más allá del deporte. Puede seguir sus sueños y también tener un doctorado, además buscar esta relación fuerte con la familia, tener esta comunicación más abierta.”

No queremos inspirar ni educar pero es muy padre cuando la gente te dice estas cosas. Siento que la película no termina hasta que la gente la ve y te cuenta qué significa para ellos, ahí tienes el producto terminado, en este ejercicio de comunicación con la audiencia.

Imagino que ya la vio la familia Rivera y Luis, ¿Qué dicen de El gran salto?

La han visto tres veces y en el cine. Luis y su esposa conectaron muy bien, me agradecieron mucho. Él dice que como atleta espera que haya algún recuerdo de su esfuerzo, cuando ve las escenas de los Juegos Olímpicos dice: “qué padre que grabaron los Juegos Olímpicos, así les voy a mostrar esto a mi hija y a mis nietos”. Pero jamás imaginó que existiera un documental completo que captura este lapso de cuatro años, toda una trayectoria deportiva.

Le da mucha satisfacción que a las nuevas generaciones ya no sólo va a contarles lo que algún día sucedió, sino mostrarles la película y que ellos lo vivan de alguna manera. También hay momentos que él no recuerda y ya cuando los ve la película le da emoción.

En Hermosillo estuvimos en un festival con la familia completa. Ahora vamos a concretar una función especial en Agua Prieta, queremos presentarla con los familiares, los amigos, con abuelitos, tíos y familiares. Es lo menos que podemos hacer, llevarles la película y que vean el retrato de esa comunidad, una comunidad muy bonita en la que yo crecí y a la que le tengo mucho cariño.

Aldo Hernández: el reto de fotografiar atletas

Jorge Porras presume que hizo El gran salto con dos grandes amigos: su personaje, Luis Rivera, pero también su director de fotografía, Aldo Hernández. Para el cinefotógrafo, este documental implicó el reto de capturar entrenamientos, competencias, la pasión en los estadios. Una prueba casi tan extenuante como la de los mismos atletas.

“El gran salto exige set-ear en 30 segundos la puesta en escena», explica Aldo, «el tiempo del personaje que va a interactuar, si se va a mover en el espacio. En un documental siempre sucede esto, pero en el género deportivo debes ser más puntual técnicamente.»

“Son cosas que pasan en el instante, si me descuido por cambiar el lente en ese momento pudo suceder algo, estos detalles son importantes para contar la historia, te duermes un momento y se fueron, todo el tiempo hay que estar al tiro para grabar. Esa fue la parte más complicadas, el documental tiene mucho de eso, pero en el documental deportivo aún más, no sabes cuándo va a pasar lo que va mover tu historia.”

Norberto Gutiérrez

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