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8 de marzo de 2020, una marcha diferente

Esperanza Badillo


No deseo que las mujeres tengan
más poder sobre los hombres, sino que
tengan más poder sobre ellas mismas.
Mary Shelley

CACHITA.EMEEsas mañanas luminosas, de sol brillante, anunciaban los primeros días de marzo. Tengo muy presente la insistencia de mi hija, para asistir a la marcha del 8M, con motivo del “Día de la Mujer”. El haz de la indecisión estaba de lleno en mí.
Los mensajes insistentes de mi hija para acompañarla a la marcha, saturaban mi teléfono celular: ¿Te gustaría ir a la marcha? ¿si? Iremos con el grupo de mujeres científicas de la UNAM, anímate…. Me invitó de mil maneras.
Reflexionaba sobre la intención de asistir a esa manifestación. Las imágenes de multitudes de mujeres, del desorden y agresividad que tantas veces reportan las noticias en la televisión, en los periódicos, en las redes sociales, me aterraban; lo que provocaba incertidumbre, para participar en ese tipo de marchas.

Tenía que dar mi respuesta. El 6 de marzo, mi hija me manda por Whatsapp la foto de una manta, diseño de ella, que sería con la que se identificaría el grupo de mujeres científicas de la UNAM. El mensaje en ese diseño, a favor de la lucha feminista, derrotó por completo mi indecisión.

Las campanas de la iglesia, a unos cuantos metros de la casa, me anunciaban que era domingo. Un domingo 8 de marzo del 2020. El punto de reunión con mi hija fue a las afueras del metro Revolución.

Me sorprendió ver la multitud de mujeres en pequeños y grandes grupos, conformados por niñas, adolescentes, estudiantes, profesionistas, científicas, obreras, trabajadoras domésticas, madres de familia, abuelas… Los contingentes formaban un mosaico multicolor, donde destacaban el verde, blanco y morado, que eran iluminados por un sol radiante y un cielo tan limpio, algo sorprendente en la contaminada Ciudad de México.

El calor empezaba a sentirse, así que buscamos una “sombrita” junto con el contingente “Mujeres en la ciencia y en la resistencia”. Allí observé con mucho orgullo el trabajo que mi hija hizo y la ovación que las mujeres científicas pidieron para ella, por todo el concepto desarrollado y que representaba la lucha de este sector.

La marcha empezó a avanzar entre las doce y trece horas; fuimos multitudes que se fundían en una sola voz, conforme avanzábamos. Brincamos, aplaudimos, gritamos, cantamos, muchas consignas feministas:

¡Alerta, alerta, alerta que camina… la lucha feminista por América Latina!
¡Somos malas y podemos ser peores! ¡Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal! ¡Señor, señora, no sea indiferente se mata a las mujeres delante de la gente!¡ Fuimos todas, fuimos todas, fuimos todas! ¡Mujeres contra la guerra, mujeres contra el capital, mujeres contra el machismo y el terrorismo neoliberal! ¡Mujer, escucha, ésta es tu lucha! ¡La que no brinque es macho! ¡Somos el grito de las que ya no están! ¡No han muerto, las han asesinado! ¡No fue un crimen pasional, fue un macho patriarcal! ¡La policía no me cuida, me cuidan mis amigas! Policía, escucha: ¡tú hija está en la lucha! ¡Porque vivas se las llevaron… Vivas las queremos! ¡No, no, no somos infiltradas, somos ciudadanas y estamos indignadas!

A un año de distancia siguen resonando en mis oídos esas proclamas, lanzadas por miles de mujeres, expresadas con voz libre, llenas de coraje, rabia, dolor, que buscan por todos los medios posibles terminar con esa violencia hacia nosotras las mujeres. Ahora entiendo que el camino se hace corto, cuando somos dos, tres o miles; que unidas y organizadas somos invencibles. Y, que mientras las condiciones hacia nosotras no cambien, estaremos pendientes y presentes en esta lucha feminista.

La caminata seguía y a la altura de la alameda central, se recrudecieron los ánimos, con los grupos de choque -las mujeres encapuchadas que nada tenían que ver con los contingentes organizados-, y la intervención de la fuerza pública cuyo objetivo era impedir que la marcha continuara; lo cual hizo que los contingentes rompieran filas para resguardarse de los golpes y/o dispersión de gases.
Hasta aquí, mi experiencia el 8 de marzo de 2020, una marcha, diferente.

Veo en el Facebook de mi hija la siguiente publicacióMUJERES EN LA CIENCIAn, que me llena de un sentimiento que se desborda:

“Me emociona mucho el #8M, porque fue en esa fecha que por primera vez mi mamá y yo salimos juntas a marchar, la vi brincar, gritar consignas, correr, cantar, asombrarse, asustarse, me cuidó y cuidé de ella.”

¡Madres e hijas nos debemos ésta marcha juntas, siempre! hasta cambiar las condiciones de violencia sistémica en que vivimos TODAS.

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