Sábado, 24 de julio de 2021 | Año XXI | No: 7542 | CEO: Francisco J. Siller | Dirección General: Rocío Castellanos Rodríguez

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La última coronación de la reina del huipil del Siglo XX

“El espíritu del valle nunca muere; es la madre secreta.
La madre secreta es la raíz del cielo y la tierra”.

Lao Tse

49841133 2127711627271804 662873716182482944 oMéxico.- Son las 5 de la mañana de un sábado en el viejo pueblo de Tultepec. El aire callado de la madrugada permite escuchar a lo lejos el chuchear de una lechuza. Las calles son alumbradas por una naciente luna llena de un 2 de octubre de 1999.
En el piso, debajo de un farol, sólo se reflejan las sombras de cuatro mujeres unidas por un lazo añejo y entrañable de la amistad. Han marcado un rumbo: Cuetzalan, Puebla. Quieren estar y ser testigos de la última coronación de la Reina del Huipil, del siglo XX.
Así inician su aventura: Elvia, Esperanza, María Elena y Argelia, quien conduce una camioneta de un rojo ya desgastado por el tiempo y la lluvia.
Un ejemplar de la Guía Roji trazará la ruta más corta y directa a Cuetzalan.
Los rayos cobrizos del sol nos orientan por la carretera gris y monótona. Son las 9 a.m. y entramos ya en la Sierra Norte de Puebla. La camioneta se introdujo entonces en tierras muy elevadas con una vegetación tupida de verdes muy llamativos y el rumor siempre vivo del viento, las aves y los insectos.
La inmensa serranía se pierde entre las nubes. La mirada se embelesa entre esos profundos precipicios. Los zopilotes o aguilillas planean un vuelo en círculos que se repiten uno tras otro.
Llegamos a nuestro destino aproximadamente a las 12 del mediodía, y nos encaminamos con la única persona que conocíamos: Doña Margarita Herrera, una señora muy amable y atenta con nosotras, que lamentó mucho que su casa fuera pequeña -solo vivían ahí, ella y Don Rubén, su esposo- para darnos hospedaje; pero, nos recibió con mucho gusto ofreciéndonos una fruta, agua y una conversación agradable. Nos dijo: no se preocupen, las voy a recomendar con mi sobrina –ya había reservado dos habitaciones- para que se hospeden en su hotel y para que les dé una atención especial. Así fue como llegamos al Hotel Mesón Yohualichan, donde nos presentó con la Gerente del mismo, Leticia Herrera González, quien personalmente nos atendió. Estábamos ansiosas de conocer el lugar, así que después de comer y, aunque estaba lloviendo, salimos a recorrer el pueblo.

Me sorprendieron sus calles, donde el orden no existe, ni hay un camino más corto o más largo. El viento no encuentra salida. Pero lo curioso es que estas callecitas conducen siempre a la plaza principal.
Visitamos la Iglesia de los Jarritos –en el panteón municipal- que venera a la Virgen de Guadalupe; luego, ubicamos la Peña de los Jarritos –para visitarla por la noche-; la Casa de Cultura; Mercado de Artesanías; un museo de antigüedades; pasamos a probar el vino tradicional “Yolixpa” –su elaboración es con 18 hierbas, aunque hay personas que solo le ponen 12 o 13, los nativos lo toman para el dolor de estómago, como digestivo y sin dulce, para el susto- y; por supuesto la Parroquia de San Francisco, el Santo Patrono de Cuetzalan.
El ambiente era festivo en esta tierra siempre generosa: La Feria del Café, la Coronación de la Reina del Huipil, las Celebraciones Religiosas de San Francisco, que reflejan el carácter religioso de los habitantes de este pueblo lleno de magia y encanto.
En aquella época se hablaba del fin del milenio, entonces la gente quería experimentar sensaciones que no se repetirían.
Nos llegó la noche del día sábado, la lluvia presente –los lugareños están acostumbrados a este clima, pues a decir de muchos, en Cuetzalan llueven alrededor de 200 días al año-.
Y nos fuimos a la Peña de los Jarritos, un lugar tradicional y muy característico, nos deleitamos con la trova en vivo hasta las 12 de la noche. Subimos hacia nuestro hotel, aprovechando que la lluvia se había calmado un poco… Nos dispusimos a descansar.
Al siguiente día, domingo 3 de octubre, nos levantamos un poco tarde y desayunamos en el restaurante “Las Bugambilias” -allí mismo, en el hotel- donde degustamos un rico café –cultivado en la zona- o chocolate, jugo de naranja natural, panqué recién hecho –receta de Doña Max, mamá de la Señora Leticia-, tortillas hechas a mano, un omelette, carne asada, enchiladas, chilaquiles, frijoles, salsa y una atención de todos, que te invita a regresar.
Nos recomendaron conocer el Tianguis Tradicional, allí se comercian los productos de esta tierra preñada, que asemeja a una mujer madura y siempre fiel, donde aún se practica el trueque tradicional como lo hacían nuestros antepasados.

La lluvia seguía cayendo en forma terca y los fuertes vientos dañaron el escenario donde se llevaría a cabo la Coronación de la Reina del Huipil, de tal manera, que el motivo de nuestra visita a Cuetzalan simplemente se desvaneció por las condiciones climáticas; ya no supimos nada de dicho evento.
Regresamos muy cansadas de nuestro recorrido y, sobre todo, el caminar sobre calles empedradas, resbaladizas y de subida, que hacían que los dedos de los pies se sintieran fríos y humedecidos.
Ese día no comimos en el hotel, pues en el tianguis probamos los tlayoyos y molotitos de pollo.

Ya en el hotel, tomamos un baño de agua caliente y descansamos toda la tarde, pues nuestra intención era asistir al baile de feria en el Auditorio Municipal, donde amenizarían dos grupos locales y el estelar, “Los Ángeles Azules”.
A la hora de la cena nos ofrecieron unos tamalitos, chocolate y/o café calientitos y panqué, recién hecho en un horno tradicional.
Posteriormente, nos dirigimos hacia el auditorio, que para esa hora ya estaba completamente lleno.

El grupo estelar estaba programado alrededor de las 2 y 3 de la madrugada. Cansadas ya del bailar, decidimos salir y caminar hacia el hotel. Seguía lloviendo. El olor de la tierra mojada embriagaba mis sentidos y ya el rocío matinal se dejaba sentir. El canto del grillo guiaba nuestros pasos hacia el Mesón. Las calles de Cuetzalan se habían convertido en arroyos. Caí rendida sobre la cama, no sin antes respirar una profunda calma y una sensación de alivio y frescura que me calaba hasta los pulmones.
El plan de retorno hacia Tultepec, contemplaba salir muy temprano de Cuetzalan, el lunes 4 de octubre. El cansancio nos venció. Somnolienta escuche unos toquidos en la puerta de nuestra habitación, con la noticia de que la fuerte tormenta había afectado la carretera hacia Zacapoaxtla. Con cierta resignación, seguimos durmiendo, pues no tardarían mucho en repararla.
A la hora del almuerzo en el hotel, percibimos un ambiente de tensión y preocupación entre los demás huéspedes. Algunos murmuraban, y se escuchaban frases: “no puede ser”, “qué desgracia”, “qué vamos hacer”. Sin lograr entender lo que pasaba, se nos fue aclarando la circunstancia. En tan sólo 4 días se tuvo una precipitación equivalente al 60% de lo que llueve en todo el año en Cuetzalan.

Estuvimos atentas a los comentarios del personal del gobierno del Estado de Puebla -quienes no alcanzaron a salir con el Gobernador Melquiades Morales Flores, en la tarde-noche del domingo 3-, y que dada la situación, afrontaron y se encargaron de coordinar los trabajos de restauración de la carretera. Nos enteramos que el Gobernador fue invitado especial y coronaría a la Reina del Huipil, pero, el escenario voló por los fuertes ventarrones, además, toda la gente se resguardaba de la lluvia que no daba tregua, la Feria del Café, obviamente que se vio también afectada.
Y, que finalmente la coronación se llevó a cabo en el interior de la Presidencia Municipal, donde sólo algunos tuvieron acceso, pues en realidad la mayoría de la gente –nosotras, incluidas-, ni siquiera nos percatamos de tal acontecimiento.

Pues bien, lo cierto y nuestra realidad en ese momento era que nos encontrábamos incomunicados, no había manera de salir de Cuetzalan, la carretera que comunica a Zacapoaxtla se vio seriamente afectada a la altura de “la Cumbre”; y por la parte sur, el puente Buenavista, se fracturó cayendo por completo al río, dejando también incomunicado a Cuetzalan con Ayotoxco, Hueytamalco y Teziutlán.
A partir de ese momento, tomamos las cosas con cierta resignación, con la esperanza de poder salir de Cuetzalan al siguiente día, pero no fue así…Ese día, 4 de octubre, las autoridades municipales acondicionaron el Auditorio para albergar a mucha gente, entre turistas y personas de algunas localidades cercanas, que ya no lograron salir del lugar. En nuestro caso, seguimos en el Mesón Yohualichan, pero, nos percatamos que muchos turistas a quienes se les venció el hospedaje, ya no se les renovó y acabaron en el albergue, creándose un caos tremendo, pues se saturó casi inmediatamente.
El despertar después del 4 de octubre fue muy triste. El pueblo sin luz, totalmente incomunicado, sin telefonía y sobre todo el rumor y las noticias de tantas desgracias.
Por la noche, a la hora de la cena, los ingenieros que supervisaban las obras, por parte del gobierno estatal, nos comentaban respecto de los trabajos realizados. Las lluvias intermitentes no permitían avanzar en el restablecimiento de las vías de comunicación.

El día 5 de octubre, la Sra. Leticia nos reunió en el restaurante para ponernos al tanto de la grave situación que se estaba viviendo, y qué pasaría con nosotros; lo cual nos inquietaba. Sus palabras fueron -no se me olvidan-: “quiero decirles que son momentos muy difíciles, no recuerdo que haya pasado algo así en mucho tiempo, pero, tampoco deben preocuparse, porque mientras estén aquí en el Mesón Yohualichan no les faltará nada; tendrán sus alimentos y hospedaje a partir de hoy, sin costo alguno, hasta que ustedes puedan retornan a sus lugares de origen”. Esto, nos regresó el alma al cuerpo, porque en nuestro caso, el presupuesto era sólo para tres días –y supongo que para los demás también- que teníamos de visita, además, la ropa no era suficiente – la cual nos lavaron y secaron, no sé cuántas veces-.
Conforme pasaban los días empezó el rescate por aire, con un helicóptero; primero fueron las personas que requerían atención médica, luego los adultos mayores y finalmente niños y mujeres.
La Señora Leticia, en su auto, nos acercaba hasta donde llegaba el helicóptero, pero, no teníamos suerte. Entonces nos decía, “no se angustien, ya habrá la oportunidad”.
Sólo un día pudimos entablar comunicación con nuestras familias, que estaban preocupadas, pues las noticias eran alarmantes; se tranquilizaron al saber que nos encontrábamos bien.
Después de varios días, el helicóptero ya no volvió, entonces nos enteramos que la gente estaba saliendo por la parte sur, cruzando el río, donde se había caído el puente Buenavista. Nuevamente, la Señora Leticia nos lleva al lugar, en el trayecto, pudimos ver la desgracia por todos lados, casas destruidas, animales muertos, tierras de siembra inundadas; las lágrimas aparecían en nuestros ojos… Ese día teníamos toda la intención de cruzar el río, pero, nos dio miedo; no nos atrevimos. Ya nos daba pena, por todas las molestias causadas en el hotel; donde sólo quedábamos los ingenieros y nosotras.
Conforme pasaban los días, la situación en Cuetzalan se agravaba más, los víveres se escaseaban, las tiendas se quedaban sin mercancía, empezaba a haber rapiña…
Tengo una imagen grabada en mi mente: había mujeres indígenas que bajaban de alguna comunidad buscando algo que llevar para alimentar a su familia, Doña Max, primero les daba de comer a ellas y luego les llenaba sus bolsas de frijol, maíz, arroz, pastas, lentejas, etc., lo que tuviera en la alacena del restaurante.

No recuerdo exactamente, pero el día 14 o 15 de octubre, en un mero instinto de supervivencia y valentía, cruzaríamos el río, para salir por Teziutlán. Otra vez, la señora Leticia nos lleva hasta esa zona; aun había personas esperando su turno. Nos dijeron no lleven nada, solo lo que traen puesto: Elvia, María Elena y yo avanzamos para subirnos en una especie de canoa; no olvido la expresión de Argelia, que prefirió quedarse en Cuetzalan: “Yo, subirme a esa chingadera, ni loca”; váyanse ustedes, yo me quedo hasta que me pueda llevar mi camioneta. Así con miedo, temor y casi temblando, abordamos la lanchita, apenas y cupimos… La persona que nos pasaría al otro lado del río se mostró poco amigable, más bien parecía nervioso porque crecía la corriente del río, y había que librar los obstáculos del puente caído y demás objetos que aun arrastraba. Mientras remaba, nosotras reímos nerviosamente y se molestó; apenas habíamos avanzado un par de metros, Elvia, mamá de María Elena, con los ojos cerrados y aferraba a la lanchita, inició el rezo del Padre Nuestro, y en su angustia terminó con una estrofa del himno nacional.

La corriente del río nos llevó a salir más lejos, tuvimos que regresar caminando a donde pedimos un aventón al primer poblado. El conductor de una destartalada camioneta se apiadó de nosotras tres… Entre los aventones y largas caminatas, observamos destrucción –viviendas y tierras de cultivo-, muerte de animales -ya en descomposición- por doquier y, una infinita tristeza en el rostro de la gente.
Todo era un llano de silencio, solo roto por los ruidos tristes del aire, los vuelos de zopilotes. Era una visión dolorosa y llena de amargura. Lugares donde las flores y los árboles habían llenado un ambiente de color y alegría, hoy era desolación.

Después de prácticamente todo el día caminando -y a veces en algún transporte-, logramos llegar a Teziutlán. Aquí la situación fue grave, el cerro del Barrio Tlaxcala se desgajó sobre 40 casas, según los vecinos, estarían sepultados bajo el lodo unas cien personas. Toda la región de Teziutlán sufrió 70 derrumbes de cerros.

Tomamos un autobús que nos llevaría a la Terminal de la TAPO, en la Ciudad de México, donde nos esperaba la familia de mi sobrina María Elena. Del trayecto, no recuerdo nada, desde que abordamos el autobús, el cansancio nos venció, dormimos hasta las 4 de la mañana del día siguiente…
Nuestra amiga Argelia, pudo regresar unos 10 días después que nosotras.

Pasó un mes de todos estos acontecimientos, yo regresé a Cuetzalan, con una camioneta de 3.5 toneladas de ayuda; pedí a la Sra. Leticia que me apoyara, avisando a las comunidades cercanas, que acudieran al Hotel Mesón Yohualichan, por las cosas y con la colaboración de algunos estudiantes del Instituto de Integración Cultural –que fueron quienes hicieron la colecta de los víveres, ropa, cobijas, etc.-, logramos nuestro objetivo.
A partir de esa fecha –y procurando que no sea octubre, aunque en Cuetzalan, llueve la mayoría del tiempo-, y sólo hasta ahora, con la situación de la pandemia, no lo hicimos, visitamos esta hermosa ciudad, con estudiantes y profesores; con quienes hacemos recorridos en grutas, ríos, Jardín Botánico Xoxoctic, Zona Arqueológica Yohualichan, Reserva Azul, Cascada Corazón del Bosque, y tantos lugares y rincones que nos ofrece Cuetzalan, Pueblo Mágico. Ah, pero eso sí, nuestro hospedaje siempre ha sido y seguirá siendo el Hotel Mesón Yohualichan, porque la gratitud siempre estará presente.

A más de veinte años de esta tragedia que comparto con ustedes lectores, sigo añorando el pueblo de Cuetzalan con sus colores, olores, sabores y también sus dolores.

10 comentarios

  • Diana Patricia Espinosa Cano
    Diana Patricia Espinosa Cano Viernes, 26 Marzo 2021 17:31 Enlace al Comentario Reportar

    Gracias por compartir esa experiencia vivida, los que hemos tenido el gusto de conocer el mesón, quedamos con el gusto, el deseo de volver

  • Diana Patricia Espinosa Cano
    Diana Patricia Espinosa Cano Viernes, 26 Marzo 2021 17:27 Enlace al Comentario Reportar

    Gracias por compartir esta experiencia vivida , los que hemos conocido este pueblito, y el mesón, quedamos con el deseo de regresar

  • Agustín de los Ángeles Mora
    Agustín de los Ángeles Mora Martes, 23 Marzo 2021 22:26 Enlace al Comentario Reportar

    Esta historia me hizo recordar muchas cosas, yo viví todo eso por que soy originario de Cuetzalan, sin embargo en ese entonces yo tenía 9 años y no comprendía la magnitud de todo lo que estaba pasando, es bueno saber que se reconoce el noble corazón de los habitantes de Cuetzalan ante la adversidad

  • Agustín de los Ángeles Mora
    Agustín de los Ángeles Mora Martes, 23 Marzo 2021 22:21 Enlace al Comentario Reportar

    Esta historia me hizo recordar muchas cosas, yo viví todo eso por que soy originario de Cuetzalan, sin embargo es ese entonces tenía 9 años y no entendía la magnitud de lo que estaba pasando, es bueno saber que el gran corazón de la gente de Cuetzalan será algo que siempre nos distinga ante la adversidad.

  • Susana Ríos Ramírez
    Susana Ríos Ramírez Martes, 23 Marzo 2021 20:06 Enlace al Comentario Reportar

    Cómo no recordar esa gran tragedia que se vivió en el ahora pueblo mágico de Cuetzalan, uno lo vio por fuera pero se sentía una enorme impotencia el no poder hacer algo por ayudar, pero a través de amigos de Lety se pudo hacer llegar una pequeña ayuda para la gente de Cuetzalan.

  • Angelina Vallejo
    Angelina Vallejo Lunes, 22 Marzo 2021 20:03 Enlace al Comentario Reportar

    Me recordó el cuento de Jorge Ferretis "Hombres en tempestad"
    Experiencia difícil Esperanza, gracias por compartirla

  • DOMENICA SUZANNA LAGANA
    DOMENICA SUZANNA LAGANA Lunes, 22 Marzo 2021 14:54 Enlace al Comentario Reportar

    Recuerdo ese episodio pero no sabía a qué punto había afectado a la población! Que bueno que encontraron un ángel llamado "Leticia"! Muchas gracias Esperanza por compartir ?

  • Roberto Alvarez Gallardo
    Roberto Alvarez Gallardo Lunes, 22 Marzo 2021 12:09 Enlace al Comentario Reportar

    El relato me llevo completamente a esos paisajes, a esa geografia tan caprichosa de mi México, ya tiene varios años que no he regresado así que solo lo pondré en mi agenda ahora que las reglas de la nueva normalidad queden bien establecidas. saludos amiga Espereranza

  • Leopoldo Aparicio Guerrero
    Leopoldo Aparicio Guerrero Lunes, 22 Marzo 2021 09:46 Enlace al Comentario Reportar

    Que historia, he tenido oportunidad de escuchar de personas que vivieron esas fechas y realmente fue algo trágico para cuetzalan y sus alrededores, pero que a pesar de lo sucedido cuetzalan siempre sera ese lugar añorado para volver, cuetzalan siempre saliendo adelante

  • Leticia Alejandra Ramirez Herrera
    Leticia Alejandra Ramirez Herrera Domingo, 21 Marzo 2021 23:41 Enlace al Comentario Reportar

    Esta historia me atrapó, trágica, divertida, conmovedora. Gracias por compartir.

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