Sábado, 16 de octubre de 2021 | Año XXI | No: 7626 | CEO: Francisco J. Siller | Dirección General: Rocío Castellanos Rodríguez

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“YA NO HAY MUCHACHAS COMO NOSOTRAS…”

Esperanza Badillo

“Vida es un concepto empírico cuya caracterización
depende de un contexto histórico específico”

Antonio Lazcano Araujo.

 

MACLO HERMILAMéxico.- Cercana ya la media noche, recibo la noticia de que mi madre se encuentra enferma. De repente algo dentro de mí palpita en aquel lejano lugar donde solía estar disfrutando la infancia. Una sola mirada al reloj que está sobre mi buró, me hace tomar la decisión de visitar a Doña Hermila, que es el nombre de mi mamá.

La noche se marcha lenta. El crepúsculo del otoño derrama una luz sobre la cortina de mi habitación. Emprendo mi viaje a San Luis Potosí, al municipio de Ciudad Fernández, a una pequeña población llamada “La Reforma”.

Al estar frente a mi madre, me reconoce casi inmediatamente. Ella tiene 91 años, madre de doce hijos, siete mujeres y cinco hombres, sólo una hija fallecida; viuda, desde hace casi tres años; el tiempo no le pesa y camina muy derechita, apoyada con unas varitas que hacen las veces de bastón y que deja por toda la casa, por aquello de que se le olvide una u otra; tiene una flexibilidad impresionante que es lo que la hace aferrarse a la vida misma.

Mi estancia en La Reforma, fue relativamente corta, pero enorme en calidad de tiempo compartido. Mi madre estuvo muy contenta, comió muy bien, tomó su medicamento de buena manera; me pidió que le ayudara a bañarse y luego arreglarla.

Hay algo que particularmente no entendía de las personas mayores, como mi madre. Cuando la bañaba no dejaba de evocar tantos recuerdos alegres, dolorosos, de angustia, preocupación, de cuando todos éramos niños, de silencios por su condición de mujer y sus escasos recursos, que ahora surgen a borbotones en sus 91 años. Sus vivencias caen como cascada generando en ellos sentimientos encontrados; comprendí que ellos –los adultos mayores-, viven una realidad muy compleja y que constantemente choca con la nuestra, de tal manera que se sienten solos con sus hábitos de comportamiento que retumban en las noches de penumbra y de quietud, pidiendo comprensión a quienes que la rodean.

Observando a doña Hermila, me pregunto cuáles son las expectativas e ilusiones de ella ante los días que corren. La respuesta viene circunstancialmente. Mi hermana menor nos extiende la invitación a un viaje al poblado de Tamasopo.

El solo hecho de romper su diaria rutina, emociona a mi madre. Con rápidos movimientos sube al taxi, ignorando el trayecto por venir. Estamos ya sobre la carretera Río Verde – Ciudad Valles, con destino a Tamasopo. Durante todo el recorrido, sus ojos pequeños atrapan cada detalle y que solo se rompe al decirle al conductor:   “ písele con  ganas, vámonos más recio”. 

¨Y hasta ese momento, pregunta a mi hermana: ¿a dónde vamos? ¿a dónde me llevan? Dos preguntas cargadas de significado filosófico.  Vamos a ver a su comadre Maclo, fue la respuesta corta de mi hermana.

Al fin llegamos a Tamasopo, un lugar lleno de magia dentro de la huasteca potosina. Lo emblemático de aquí son las cascadas, todo un símbolo del turismo ecológico. Las cascadas de Tamasopo se encuentran en una región que por su variedad de paisaje y diversidad ecológica acaba por ser una de las más importantes de México. Este bello lugar queda muy cerca de la zona media y de Río Verde.

Mi madre empieza a reconocer y en forma mecánica se coloca el ‘cubrebocas’. No sabemos la dirección con exactitud así que preguntamos por la familia de Doña Maclo; aquí todo mundo se conoce. Enseguida nos dan la referencia de un pequeño super y una lonchería, y justo en medio de ambos negocios un corredor largo, nos llevará hacia la persona que buscamos.

Quiero narrar a detalle este momento: el encuentro entre estas hermosas mujeres, muchachas de antaño.

Ubicamos la dirección y al llegar, se podía ver al fondo del pasillo –de unos 25 metros, aproximadamente-, a Doña Maclo sentada en su silla de ruedas. Mi madre al percatarse que se trataba de su comadre-amiga, a quien no veía desde hacía unos quince años, apresuró el paso y se adelantó a su encuentro. Se abrazaron con mucha emoción, se reconocieron a la perfección, la amistad seguía intacta. Hablaron de aquellos sus tiempos, que para nosotros eran tan ajenos y lejanos; de sus padecimientos:

Hermila: a mí no me duele nada, pero mi corazón no está funcionando bien y tomo una pastillita diario.

Doña Maclo:  pues yo no estoy enferma, no tomo nada, solo debo estar postrada en la silla de ruedas porque tengo lastimada la columna, pero hoy estoy cumpliendo 87 años, y muchas de mi generación se murieron hace tiempo.

¿Hoy es su cumpleaños comadre? Pregunta Hermila. Sí.  Hoy me trajeron mariachi en la madrugada. Me recordó las serenatas de mi juventud.

Y que empieza Hermila a cantar las mañanitas; luego los abrazos… Y siguió la charla. Platicaron de los hijos, que si antes se criaban hasta catorce muchachos, ahora no aguantan nada, nomás uno, dos o tres; no saben batallar, donde en nuestros tiempos. No comadre, afirma con mucho orgullo mi madre:  “ya no hay muchachas como nosotras”, habemos pocas, yo voy a cumplir 92 años, si Dios me presta vida; mi hombre se murió, ya va a hacer tres años, ¿y el suyo comadre?

En estos momentos está agonizando, contestó Doña Maclo, con una serenidad plena que solo dan los años vividos, por allá andan las hijas viéndolo…  -Debo decir que prácticamente nunca tuvieron vida de pareja más allá de los hijos-.

No tenían para cuando terminar de contarse mil y una cosas, y en eso dice Hermila: ‘ya se tardaron sus hijas, que ya se moriría el hombre’.  Sabrá Dios, vaya usted a saber, replicó Doña Maclo, con la misma tranquilidad y sin preocupación alguna.

Habían pasado casi dos horas, ellas no terminaban de platicar, entonces, le pedimos a mi madre ir a dar una vuelta por el centro histórico de Tamasopo, para dar tiempo de que arreglaran a la festejada, pues esperaban visitas; ella accedió. Pasamos a la iglesia a escuchar misa, luego caminamos hacia la plaza pública y posteriormente regresamos a casa de la cumpleañera. Por cierto, mi madre con un andar firme, siempre apoyada del brazo del taxista.

Al regresar con Doña Maclo para despedirnos, estaba arreglada, maquillada, muy bonita, para la ocasión. Nuevamente entablaron la conversación, hasta muy tarde. Mi madre quería quedarse al huapango, pero nosotros insistimos en regresar a casa.

Estoy feliz, porque mi mamá pasó un día muy bonito, agradable; revivió y compartió experiencias con una persona de su época, alguien que la entendió a la perfección. Comprendí que nosotros somos egoístas al querer cortar de tajo su realidad, que somos crueles y no nos importa lo que ellos pueden sentir cuando los arrastramos a nuestra propia realidad.

Reflexiono sobre esos días al lado de mi madre y puedo expresar que, si pudiese amarla más, la amaría más que nunca. 

Entender, comprender, que hay pocas, muy pocas “muchachas como ellas, Hermila y Maclo”.

 

17 comentarios

  • Araceli Pineda Sánchez.
    Araceli Pineda Sánchez. Viernes, 08 Enero 2021 22:26 Enlace al Comentario Reportar

    Es muy grato leer “Ya no hay muchachas como nosotras…” muy emotivo y vivencial. Es un artículo que retoma

    varias esferas de la vida: la familia, la educación, la amistad, las diferentes generaciones y contextos.

    La parte más emotiva cuando habla de Doña Hermila, que dicha, que su familia siga disfrutando de sus

    maravillosas enseñanzas.

    ¡Felicidades! por la publicación, muy significativa y humana.

  • Lina Carranza Lopez
    Lina Carranza Lopez Viernes, 08 Enero 2021 21:52 Enlace al Comentario Reportar

    Hermosa muestra de amistad! ? definitivamente "ya no hay muchachas como ellas".fuertes,con esa serenidad que solo los años puede dar,sabías,de caminar pausado pero de mente ágil,jovial y colorida! Benditas sean!

  • Leopoldo Aparicio Guerrero
    Leopoldo Aparicio Guerrero Viernes, 08 Enero 2021 21:50 Enlace al Comentario Reportar

    Es una exelente história, su narrativa me traslado a los lugares y a vivir las emociones que cada uno de los personajes vivió, su madre y su amiga debieron haber pasado y recordado cada aventura que vivieron las penas los obstáculos y todo lo vivido en su época, y como menciona pese a que no se habían visto en años la amistad seguía intacta esas son las mejores amistades que puede uno tener en la vida.

  • Leopoldo Aparicio Guerrero
    Leopoldo Aparicio Guerrero Viernes, 08 Enero 2021 21:47 Enlace al Comentario Reportar

    Es una exelente história, su narrativa me traslado a los lugares y a vivir las emociones que cada uno de los personajes vivió, su madre y su amiga debieron haber pasado y recordado cada aventura que vivieron las penas los obstáculos y todo lo vivido en su época, y como menciona pese a que no se habían visto en años la amistad seguía intacta esas son las mejores amistades que puede uno tener en la vida.

  • Angelina Vallejo
    Angelina Vallejo Viernes, 08 Enero 2021 21:46 Enlace al Comentario Reportar

    Muy bella la historia de la amistad de estan grandes mujeres. Y muy cierto, ya no hay muchachas como las de antes.

  • Angelina Vallejo
    Angelina Vallejo Viernes, 08 Enero 2021 21:44 Enlace al Comentario Reportar

    Hermosa historia, bella amistad. Y muy cierto ya no hay muchachas como antes.

  • Diana Patricia Espinosa Cano
    Diana Patricia Espinosa Cano Viernes, 08 Enero 2021 21:38 Enlace al Comentario Reportar

    Gracias por compartir las aventuras de las muchachas ☺️
    Es impresionante como recuerdan tantas cosas, cuántas anécdotas vividas.?
    Tiene razón ya no hay muchachas como ellas que tenían más trabajo, y podían hacerlo, a hoy tenemos tecnología, pero el tiempo se va tan rápido. Gracias a que siguen activas les ayuda a sentirse bien, muchas veces creemos que ya no deben hacer nada. Que bonitas cascadas, el paisaje , gracias por compartir ?

  • Salma Robellada
    Salma Robellada Viernes, 08 Enero 2021 21:31 Enlace al Comentario Reportar

    Muy bella la reflexión.
    Es cierto, quizás somos egoístas con nuestros mayores por no reconocer que su realidad es totalmente diferente a la que nos tocó vivir. Pero gracias a este tipo de artículos nuestra cultura no muere.
    ¡Muchas felicidades!

  • Domenica Suzanna Lagana
    Domenica Suzanna Lagana Viernes, 08 Enero 2021 21:16 Enlace al Comentario Reportar

    Que bonito relato! Doña Hermila y su comadre Maclo unidas por el cariño, las vivencias y los recuerdos. Una ovación para estas muchachas! Y otra para tí Esperanza, por compartir con tod@s nosotr@s momentos de vidas! Bravo! Gracias!

  • Angelina Vallejo
    Angelina Vallejo Viernes, 08 Enero 2021 21:16 Enlace al Comentario Reportar

    Que hermosa amistad, buen artículo. Muy cierto, ya no hay muchachas como las de antes.

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